viernes, 8 de junio de 2007

Vergüenza

Estos últimos meses no he parado de sentir vergüenza. Si a veces ha sido propia, las más ha sido ajena:

Por el escándalo-culebrón-OPA de Endesa, las declaraciones de Conthe y la falta de independencia de la CNMV.

Por la falta de elegancia y visión política del partido de la oposición al hacer campaña con un tema tan sensible como el terrorismo.

Por el desatino del partido en el gobierno al elegir candidato a la alcaldía de Madrid.

Por la corrupción y los escándalos inmobiliarios en muchos municipios españoles.

Por las muertas a manos de sus parejas y la falta de medios para proteger a los más débiles.

Por el cierre de la Parroquia de Vallecas, sólo porque los curas se acercan al pueblo y hablan su mismo lenguaje.

Por el cura que sólo dará clases de catequesis si se le presenta el papel certificando la objeción de conciencia a la asignatura de Educación para la ciudadanía de los chavales.

Por la ley de igualdad.

Por los accidentes laborales en la construcción y la falta de medios para evitarlos.

Por los once ingresados por intoxicación por drogas los dos primeros días de apertura de las discotecas ibicencas.

Por todas las cosas que hacen que el nuestro sea un país de pan y toros, de pandereta y tortilla de patatas. Por todo lo que hace que no nos tomemos en serio la política, y que no contemos en el plano internacional. Por todos esos detalles que hacen que no podamos hablar en un plano de igualdad con los demás europeos.

Y en cuanto a la vergüenza propia:

Por no haberme preparado un caso para la clase de CRM del profesor Enrique Dans el día que quería lucirse delante de una invitada. Seguro que puedo decir un montón de cosas en mi defensa, que estoy con lumbago, que no me puedo mover, que estoy muy liada con temas familiares… Pero estoy tan harta de oír excusas de políticos que lo único que se me ocurre es decir lo que me gustaría oír a mí:

Pido disculpas en público. Lo he hecho mal. Muy mal. No volverá a pasar.

¿Tanto les cuesta?

2 comentarios:

  1. De todas formas, es curioso lo que la vergüenza nos obliga a hacer a veces. Me refiero al ejercicio de público escarnio aquí perpetrado. Entiendo que para alguien que esta estudiando, no preparar un trabajo debe de ser algo gravísimo. Pero como para llegar al punto de ponerlo en el mismo nivel o parecido de los accidentes laborales, la falta de profesionalidad de los cortadores de droga (imaginaros a un carnicero rellanando los solomillos de ternera con pollo), el problema de la enseñanza (por cierto si se empieza por objetar enseñanza para la ciudadanía, no se podría objetar filosofía, ya que no estoy interesado en saber como piensa Platón y compañía, ingles, ya que estos me caen fatal, matemáticas, pues el conjunto vació me obliga a pensar en negativo y no me gusta, física, los objetos caen del cielo porqué dios así lo quiere.
    Y no hablemos del tan manido tema de la crispación política. Que para crisparme los nervios solo debo de mirar el recibo de la hipoteca y se me ponen los nervios que......
    Bueno a lo que íbamos, reconozco que en la vida de estudiante y mas después del pastón que el curso le debe estar costando a nuestra amiga An (por cierto tus fans esperan mas fotos tuyas, en falda y con tacones), no preparar un trabajo, debe de ser algo serio pero no olvidemos que para eso están las recuperaciones y trabajos de castigo y para muchas otras cosas no existe solución.

    Smeagol es bueno, Smeagol hace caso del Amo.

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  2. Suscribo el comentario anterior casi en su totalidad. Comprendo que la autoexigencia nos tortura tanto que hacemos penitencia y nos mortificamos, incluso públicamente. Pero dejemos eso para las mentes judeocristianas y hagamos las cosas lo mejor que podamos (que no es poco), que para llamarnos la atención sobre lo mal, lo poco o lo nada que hayamos hecho ya están los demás.
    Ah, y me apunto a los solicitantes de fotos (lo de la falda y tacones lo dejo al albedrío de An) que ya se ven cosas espantosas por otros lados

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