jueves, 20 de junio de 2013

Y sin embargo se dobla

Romperse una rodilla es una putada, en eso creo que estamos todos de acuerdo. Pero visto con otro prisma, también es una oportunidad de aprender todo lo que se pueda sobre una articulación extremadamente compleja.

Después de leer mucho, llega un momento en que te conviertes en alguien que sabe un montón de ligamentos, reconstrucciones, suturas y rehabilitación. Y descubres que eso no ayuda en nada a sentirte mejor.

El día a día es aburrido, pesado, complicado y doloroso y la luz al final del túnel está tan lejos que ni se ve.

La recuperación es lenta, muy lenta, y más para alguien impaciente por volver a controlar su vida y volver a hacer deporte y a salir a la calle y a ver a los amigos y a no depender de nadie para comidas, duchas, cenas y demás.

Esa sensación de desesperanza es muy fuerte y llega a hundir a cualquiera en la miseria. Es como un pozo que se lo traga todo y por fuerte que sea una persona, hay días en que se ve todo negro.

Como no es la primera vez que me encuentro así, he decidido armarme de herramientas para ver la luz al final del túnel, lo malo es que aquí no valen las linternas, así que hay que echarle imaginación. 

Recuperar la movilidad de la rodilla es prioritario a la hora de rehabilitar una operación de cruzado. Luego ya vendrán la recuperación de la fuerza de los músculos de la pierna y el entrenamiento propioceptivo (aunque se deben hacer ejercicios isométricos de cuádriceps desde el día 0). El problema es que es como ver crecer una planta, la cosa va tan despacio que no se aprecian progresos en el día a día. 

Afortunadamente, contamos con herramientas suficientes para ver ese progreso.

Con una cámara de fotos (vale la del móvil) y un programa que permita superponer imágenes (vale Power Point), es fácil ver los progresos de semana en semana.



Y a nada que se tengan un mínimo de conocimientos de anatomía (para poder trazar más o menos el fémur y la tibia) y un portaángulos, se pueden medir esos progresos. 

Pero incluso sin portaángulos se puede ver que la cosa ha mejorado bastante.

Seguiré de semana en semana viendo cómo va mejorando el arco de movilidad. Es mi rayito de luz en el túnel, lo que me mantiene el ánimo alto y las ganas de seguir adelante. Que sé que la rodilla va mejorando día a día y puedo verlo.

Es lo que tenemos los científicos, que necesitamos pruebas, no nos vale sólo con la fe.

Mañana más y mejor, seguro.






miércoles, 19 de junio de 2013

Días 13, 14 y 15

Día 13:

Domingo.

Llevo tantos días encerrada en casa que cuando mis padres proponen ir a tomar algo por ahí me apunto sin dudarlo. Sé que lo pagaré mañana, pero me da igual.

Salimos por el barrio a tomar unas cervecitas y unos pinchos. Hemos comprado el periódico y nos sentamos en una terraza a leer la prensa y disfrutar del buen tiempo. Se está fenomenal.

Tarde de tele y películas. Todo tranquilo.

Día 14:

Lunes.

No puedo moverme de lo mucho que me duele. Me paso el día en el sofá sin atreverme a nada. El dolor lo ocupa todo.

No sé si es por la salida de ayer, por el cambio de tiempo o por qué, el caso es que estoy fatal. Ni el hielo ni los analgésicos hacen nada por remediarlo. Se me ha hinchado la rodilla y tiene peor pinta que estos últimos días. 

Me voy a la cama a las ocho. No aguanto más en el sofá. Mañana más y espero que mejor.

Día 15:

Martes.

Hoy tengo que ir a que me quiten los puntos y a la primera revisión del traumatólogo. Por suerte no me duele tanto como ayer. Me ducho, me visto y allá que vamos. Me quitan los puntos y casi ni me entero. Cuando veo las heridas tienen buena pinta. No están inflamadas y parecen secas. Me dice el enfermero que en una semana podré ir a la piscina y de desde ahora mismo me quite los apósitos para ducharme, que las puedo lavar con agua y jabón.

La verdad es que sólo de pensar en frotarlas se me revuelven un poco las tripas, pero haré lo que pueda.

El traumatólogo me pregunta que qué tal voy. Le digo que bien pero que ayer dolía mucho. Me la estira, me la dobla, me dice que todo sigue su curso normal y que puedo andar con muletas y una rodillera articulada postquirúrgica. Suerte que la guardé la última vez.


Me coloco la rodillera y salgo de allí andando.

El resto del día trascurre sin más. Visto como va el calendario, me voy a pasar las vacaciones en rehabilitación, lo que quiere decir que me he quedado sin vacaciones este año. Me esperan un otoño y un invierno muy muy muy largos.

Echo de menos a mi perro.

Estoy triste.

sábado, 15 de junio de 2013

Días 10, 11 y 12



Día 10: 

Hoy es jueves 13 de junio. Hace calor. Tengo hora con el médico de la Seguridad Social. Quiero que me recete la heparina, que cuesta una pasta.

Me levanto temprano, el ritual matutino de medicinas, ducha con muletas etc. lleva su tiempo y no quiero llegar tarde.

La cita con el médico me la dio una centralita telefónica así que no sé con qué médico he quedado. Cuando llego al consultorio pregunto en la entrada y me mandan a la consulta de siempre pero en vez de ser mi doctora de la última vez es el Dr. Ruiz.

Espero sentada en esos bancos que a primera vista parecen cómodos pero que al cabo de cinco minutos te están rompiendo la espalda.

El médico va con retraso, pero no mucho. Me quedo mirando las noticias en el móvil hasta que llega una señora a la salita de espera. La señora empieza a decir a voz en grito que todos tenemos que morir, que la Parca es el destino común, que los bebés tienen que aprender a sufrir desde pequeñitos y que para sus 54 años está hecha una mierda. 

Dan ganas de contestarla que si tantas ganas tiene de morirse, por qué va al médico, pero hay formas más sutiles de hacer las cosas. Cierro los ojos y sonrío, a cada parida que suelta voy sonriendo más y más y al final se me escapa una carcajada. La señora se calla.

Me llama el médico. Un señor muy mayor (o eso parece) y le saludo. Le pregunto por la otra doctora y me dice que ha cambiado de destino. 

El hombre es un encanto de persona, de esos a los que podrías contarles tu vida entera. Me da la sensación de que a este médico le gusta la gente, que disfruta con su trabajo. Terminamos riéndonos los dos de todo y de nada. Me cae bien. 

Me da mis recetas y me vuelvo a casa. El resto del día trascurre sin problemas, me paso la tarde jugando el el PC. Me aburro. Mañana más.

Día 11:

Viernes.

Los días de la semana no son importantes, pero me gusta saber qué día es. Hoy es el cumpleaños de mi padre y le hemos preparado una sorpresa. He reservado mesa en su restaurante favorito para comer.

Me lleva al trabajo por la mañana, para hacer unos papelotes y porque luego nos iremos a comer juntos aunque él todavía no lo sabe. 

La comida va fenomenal. Con la excusa del cumpleaños, nos zampamos un corderito asado que sabe a gloria. Con ensalada, pan y regado con un Ribera del Duero que está de muerte.

Conducir muletas con una cerveza, vino y un par de chupitos de hierbas en el cuerpo tiene su punto, pero consigo meterme en el coche y llegar a casa sin problemas. 

Bien entrada la tarde se pasa por casa un amigo y me lleva a tomar algo a una terraza del barrio. Se está de lujo en la calle. La temperatura es ideal y la conversación entretenida.

Al volver a casa me pongo a hacer mis ejercicios, estirar, doblar, isométricos. Doblarla duele, pero es soportable, y creo que ya he alcanzado los grados que se supone que tengo que doblar en la segunda semana. Se estira bien y casi sin dolor, lo que ahora me cuesta mucho más que antes es levantarla y mantenerla arriba. Tiembla como una hoja. Es increíble lo rápido que se pierde la masa muscular...

Peli, dormir, mañana más y mejor.

Día 12:

Sábado.

Los apósitos de la rodilla se caen de puro viejos. A decir verdad están asquerosos y despegados. Como mi padre tiene que ir a la farmacia a por heparina, le pido que me traiga Betadine y apósitos estériles para curarme las heridas.

Levanto todos los apósitos que están con mucho cuidado de no tirar de ningún punto y esto es lo que me encuentro.







Lavo las heridas con Betadine y vuelvo a colocar todo en su sitio. Ha quedado bien.

Aunque las heridas parecen feas, no lo son tanto y creo que están cicatrizando muy bien. Seguramente podría dejarlas al aire, pero no me atrevo, la sola idea de engancharme un punto me pone los pelos como escarpias.

La dejo como estaba y me voy al PC a darle a las teclas un rato antes de comer. 

Me da que me voy a pasar la tarde jugando el el ordenador. 

Seguiremos informando.

miércoles, 12 de junio de 2013

Días 7, 8 y 9





Día 7:

Hoy es lunes. Hace una semana que me operaron y no me encuentro demasiado mal. Duele, molesta, tira, pero todo va bien.

La heparina me está dejando el michelín a topitos morados. Esta vez me están saliendo muchos hematomas y eso que hago todo como se supone que lo tengo que hacer. Empiezo a quedarme sin sitios para pincharme.

Los antiinflamatorios me han puesto las tripas un poco del revés, así que también arrastro un ardor de estómago importante.

El día pasa sin más. Entre el hielo y los ejercicios de rehabilitación que me recomendaron. 

Un día aburrido y muy, muy largo.

Día 8:

Martes. Hoy me duele más que ayer. Cada vez que pongo la pata en vertical veo estrellas, así que decido no moverme del sofá. Me empieza a doler bastante la espalda por la postura, pero prefiero eso a la sensación de que se me está deshaciendo la pierna. 

Vemos una peli mala, mala, mala en DVD. "FIN". Una película española en la que los actores o gritan, o lloran, que parece ser todo lo que saben hacer. No es ni siquiera entretenida. 

Por la noche nos vemos "Los Sustitutos" que está bastante mejor. Me encanta Bruce Willis.

Hielo, ejercicios, dolor y un día bastante tristón. He empezado una alfombra de ganchillo con trapillo. A ver qué tal se me da.

Mañana he quedado con una amiga a tomar café. Ya tengo ganas de que sea miércoles.

Día 9:

Miércoles. Los días no pasan y se hacen eternos. Cada vez me levanto más tarde porque donde sí que no me duele nada es en la cama. Desayuno, heparina, hielo... Hoy estoy mejor. No duele tanto y me pongo un rato a las teclas. 

Ganas de que llegue la tarde, la noche, la semana que viene, la rehabilitación... 

Ya sé que todo tiene su proceso y que soy muy impaciente, pero esto de tardar seis veces más en hacer las cosas me tiene desesperada.

Supongo que mañana más y mejor...



lunes, 10 de junio de 2013

Días 5 y 6






Día 5:

Es sábado.

Empiezo el día con mi ritual de desayuno, heparina, ducha.


La ducha merece todo un capítulo para ella sola. Es complicado acostumbrarse a ducharse cuando no puedes apoyar un pie en el suelo. Tengo suerte porque hay un pie de ducha tamaño bañera y puedo meter dos taburetes dentro, uno para sentarme y otro para apoyar la pata pocha.

Empieza todo con el film de cocina transparente. Cojo el rollo, le doy un par de vueltas a los apósitos e intento cortarlo con la sierra esa que viene de serie con la caja. Si tapar la comida ya es difícil, hacer esto en equilibrio precario es casi imposible. Mejor o peor consigo cortar el plástico y enrollarlo como puedo. Parece que se queda pegado. Si aguanta hasta el final, es un buen invento.

Me voy al baño. Quitarse la ropa tiene su punto, meterse en la bañera también. Me siento en un taburete y apoyo la pata chunga en el otro. Hasta ahí todo bien. Al abrir el grifo, se me olvida esa palanquita que hace que el agua salga por la ducha de mano y me cae una lluvia helada desde arriba en toda la espalda. Lo arreglo y disfruto del agua calentita un rato sabiendo que lo más complicado está por venir.

Levantarse y salir de una ducha húmeda y jabonosa con muletas tiene más de profesión circense que de cualquier otra cosa. Todo escurre, todo resbala y hay que tener un cuidado exquisito para no dar un traspiés.

Me seco, me visto y salgo.

EL día de ayer, tan movidito me ha dejado un dolor brutal e insoportable que intento calmar a base de comprimidos y hielo.

El resto del día pasa sin mucho ajetreo, entre la semifinal del Roland Garros de tenis, un par de pelícuals y mi labor de punto. Sigo con mis ejercicios isométricos, mis estiramientos y doblando hasta que se deja.

Por la tarde vienen unos amigos de la familia a verme, después una de mis amigas me saca a cenar por ahí. Decido saltarme la dieta y me zampo una hamburguesota de ternera de Kobe que me sabe a gloria.

Poco después, cama y a dormir.

Día 6:

Domingo.


Salir ayer fue estupendo pero hoy me duele horrores. Decido portarme bien el resto de la semana porque no sé hasta qué punto merece la pena moverse si luego es para estar hecha polvo toda la mañana.

Me duele tanto que no soy capaz de hablar hasta bien entrado el día.

Hielo, heparina, antiinflamatorios, autocompasión y mucho dolor.

Me pongo a hacer punto en el sofá mientras mi padre hace zapping compulsivamente. Al final nos ponemos una película grabada en screener. Se ve fatal, pero distrae.

Nada digno de mención para un domingo tranquilo. A ver si la semana empieza con buen pie, o con buena pierna...